TEXTO SEBASTIĆN PITTAVINO
FOTOGRAFĆAS PABLO RUSSO Y DOCUMENTAL LA VIEJA
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Ā«A los argentinos nos gusta llamar āla viejaā a aquella mujer que nos dio la vida. Por lo general solemos afirmar que no hay nadie mĆ”s bueno que la viejaĀ». Con estas palabras en off, Quique Pessoa comienza el relato sobre la vida y militancia de Alfredo Kohon en el documental La Vieja. Historia de un fusilado (Producciones del Sur, 2015). Alfredo ElĆas Kohon habĆa nacido el 22 de marzo de 1945 en Colonia San Antonio (Departamento de Colón, Entre RĆos) pero vivió su infancia en San Salvador y su juventud en Concordia. Es seguramente esta pertenencia al terruƱo lo que motivó a Producciones del Sur del Sur a realizar el documental sobre Alfredo, Ā«la ViejaĀ». El móvil: Alfredo Kohon fue uno de lxs asesinadxs en la masacre de Trelew, aquella madrugada del 22 de agosto de 1972. El propósito: la dialĆ©ctica y necesaria excusa de reconstruir la vida de un militante de Concordia y de reflejar los hechos de una de las acciones sangrientas mĆ”s significativas en contra de las clases populares.
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Alfredo Kohon termina los estudios secundarios en la ciudad de Concordia y parte para Córdoba donde inicia la carrera de IngenierĆa ElectromecĆ”nica. La politizada y activa dĆ©cada de los 60 lo lleva, como a miles de jóvenes de ese contexto, a militar en organizaciones polĆticas revolucionarias. Fue integrante del comando Santiago Pampillón y uno de los fundadores de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). En palabras de Sara y Luisa, sus hermanas, Alfredo sobresalió siempre por su carĆ”cter y manera de relacionarse: humilde, sencillo y un extraordinario sentido de la justicia. Igualmente, de parte de sus compaƱerxs: Ā«si lo dice La Vieja, tiene que ser asĆĀ», Ā«La Vieja es muy honesto y cuidadosoĀ». Ese carĆ”cter y su formación polĆtica fueron las fuentes y basamentos para que le asignen a Alfredo el apodo de Ā«la viejaĀ» y, seguramente, lo que lo impulsó a la militancia revolucionaria (estudiantil, obrera, sindical, armada) de esa dĆ©cada, nada menos que contra una dictadura. El Cordobazo de 1969 lo marca con el fragor de la lucha y sintiendo en carne propia las asperezas por parte de las fuerzas, como unos de los cientos de detenidos de esas jornadas. Ā«Ese fuego que era del espĆritu, de los principios, de las grandes aspiraciones populares, ya no se apagarĆ” jamĆ”s. AllĆ estaba Alfredo, donde fue detenido por primera vezĀ», destaca Gisela Romero en su libro No son solo memoria (Editorial de Entre RĆos, 2015).
Diciembre del aƱo siguiente, como parte activa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, lo encuentra nuevamente detenido luego de haber asaltado con un grupo la sucursal del Banco de Córdoba. Es necesario detenernos mĆnimamente para contextualizar que el robo a un banco, o el asalto a una empresa, no tenĆan la connotación individualista que tiene este tipo de acciones hoy en dĆa. En aquellos aƱos la recuperación de los recursos (que son extraĆdos al pueblo por los medios legales que impone el capitalismo) estaba totalmente legitimado por las clases populares. Estas expropiaciones se realizaban en beneficio colectivo: para financiar las organizaciones polĆticas, para distribuir entre desocupados o cesanteados, para garantizar recursos de las militancias y acciones barriales y comunitarias, y para solventar la lucha armada. Lucha que, cabe destacar tambiĆ©n y esquivando todo tipo de juicios anacrónicos, estaba legitimada como un derecho a recuperar la democracia o combatir una dictadura.
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En 1970, Alfredo es llevado a la CĆ”rcel de Encausados de Córdoba. AllĆ es torturado brutalmente. Cuenta Sara; Ā«yo lo vi por aquellos dĆas, tenĆa las costillas rotas, la pĆ©rdida de visión de un ojoā¦Ā», y en 1971 es trasladado al penal de mĆ”xima seguridad de Rawson, cĆ”rcel destinada mayoritariamente, por su aislamiento, a presos polĆticos. Su objetivo allĆ, al igual que les demĆ”s presxs, era la fuga para continuar la lucha polĆtica. De esta manera Alfredo conforma un grupo operativo donde se comienza a idear la fuga y que toma el penal de Rawson el 15 de agosto de 1972. El plan continuaba con el escape en vehĆculos hasta el aeropuerto de Trelew, a unos 15 kilómetros del penal. Pero un error de logĆstica no permite el escape de todxs. El avión sale solo con quienes llegan primero a Trelew. Alfredo y 18 compaƱerxs mĆ”s no logran llegar a tiempo y deciden entregarse a las fuerzas en el mismo aeropuerto de Trelew, mediante la garantĆa de una conferencia de prensa y la presencia de abogados, conocida conferencia que es parte gruesa y cara de la historia del pueblo, de la historia de la clase trabajadora. El engaƱo y la saƱa de las fuerzas militares ya se relamĆa en puerta, las garantĆas que se habĆan pactado no se iban a cumplir. Lxs prisionerxs no fueron llevados de nuevo al penal de Rawson como habĆan prometido, sino que se los encarcela en la base aeronaval de Trelew. AllĆ comienzan los Ćŗltimos de sus dĆas, bajo hostigamientos y torturas. Hipotermia, vejĆ”menes, golpes, hacinamiento, y simulacros de fusilamiento son moneda corriente esos dĆas. Hasta la madrugada del 22 de agosto. La versión oficial indicarĆ” un nuevo intento de fuga por parte de lxs prisionerxs. Es la versión que justificarĆ” el fusilamiento. AĆŗn cuando miembros de las tres organizaciones que participaban de las acciones, porque hay que destacar aquĆ tambiĆ©n que las acciones de esos dĆas de agosto fueron coordinadas conjuntamente entre F.A.R., E.R.P. y Montoneros, declararon en conferencia de prensa de nivel nacional que se entregaban de manera totalmente pacĆfica. Es el fusilamiento a mansalva de 19 jóvenes que se encontraban presos en sus celdas. DiecisĆ©is de ellxs, entre quienes estaba el entrerriano, murieron acribilladxs por las balas de las fuerzas militares. Tres gravemente heridxs fueron quienes nos legaron el verdadero testimonio. Una masacre recordada con tristeza y bronca a travĆ©s de litros de tinta y horas de filmaciones y cintas, expresadas por motus de la clase trabajadora, por fuerza de sus compaƱerxs. La historia oficial la negó, la distorsionó, la intentó sepultar. Pero solo quedaron en el intento. Los compaƱeros y compaƱeras masacradas fueron: Alejandro Ulla (PRT-ERP), Alfredo Kohon (FAR), Ana MarĆa Villarreal de Santucho (PRT-ERP), Carlos Alberto del Rey (PRT-ERP), Carlos Astudillo (FAR), Clarisa Lea Place (PRT-ERP), Eduardo Capello (PRT-ERP), Humberto SuĆ”rez (PRT-ERP), Humberto Toschi (PRT-ERP), JosĆ© Ricardo Mena (PRT-ERP), MarĆa AngĆ©lica Sabelli (FAR), Mariano Pujadas (Montoneros), Mario Emilio Delfino (PRT-ERP), Miguel Ćngel Polti (PRT-ERP), RubĆ©n Pedro Bonnet (PRT-ERP) y Susana Lesgart (Montoneros).
Quienes alcanzaron a sobrevivir a la masacre y dieron testimonio de los hechos, fueron luego el blanco perfecto y vĆctimas durante la sangrienta dictadura de 1976-1983. Ellxs fueron: Alberto Miguel Camps (FAR – asesinado en 1977), MarĆa Antonia Berger (FAR – desaparecida en 1979) y Ricardo RenĆ© Haidar (Montoneros – desaparecido en 1982).
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El cuerpo de Alfredo fue trasladado y sepultado en la ciudad de Concordia. La justicia llegó 40 aƱos despuĆ©s, gracias a la lucha de familiares y amigos de las vĆctimas: el Tribunal Federal de Comodoro Rivadavia resolvió condenar a prisión perpetua a algunos de los responsables de la masacre y declarar a los crĆmenes cometidos como de lesa humanidad. Hoy se cumplen 50 aƱos de aquella masacre, y la historia de Ā«la viejaĀ», de Alfredo Kohon y la de todxs sus compaƱerxs fusilados en Trelew, es tambiĆ©n la de las organizaciones polĆticas, de la lucha de la clase trabajadora en sus distintas dinĆ”micas y dimensiones, de la clase social oprimida y dominada que acciona por una sociedad justa e igualitaria. Ā«La causa de Alfredo y de aquellos miles de jóvenes continĆŗa vigente. La construcción de un mundo mejor sigue siendo el desafĆo. El pueblo consciente y organizado es el Ćŗnico capaz de hacer realidad el sueƱo de aquellos jóvenes, de concretar los ideales de ese muchachito entrerriano al que sus compaƱeros querĆan entraƱablemente por ser mĆ”s honesto que la vieja.Ā», dice Quique Pessoa en el documental de Producciones al Sur.
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