TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

Nadie dijo que sería fácil. Tampoco que sería rápido. Así lo entienden quienes van a bordo de las embarcaciones surcando las aguas del Paraná, perseverantes para transformar el presente. El río ya los sostuvo sobre su lomo el año pasado, al igual que en otras epopeyas de los noventa. Luis «Cosita» Romero, Mariano Martínez, Elías Sigura, Luciano Orellano y otras personas comprometidas con su su entorno, apuntaladas por la logística desde tierra en cada parada, son parte de una batalla colectiva que lleva banderas y consignas claras flameando desde Chaco hasta Rosario: «Salvemos el Paraná y sus humedales»; «El Paraná en manos argentinas»; y «Argentina sangra por el río Paraná».
Desde la red de organizaciones y colectivos que conforman Remar contra corriente por el Agua, la Vida y la Soberanía, junto al Foro por la Recuperación del Paraná, denominaron a esta travesía Salvemos al Paraná y sus humedales. Con ese nombre avanza la remada de ochocientos kilómetros, que partió el 7 de marzo desde el río Paraguay, muy cerca de la confluencia con el Paraná, y que tiene previsto concluir el sábado 21 en Rosario. En cada tramo se van sumando pobladores, pescadores, militantes ambientales y gente vinculada al arte o al deporte que acompañan las embarcaciones en canoas, piraguas, kayak, tablas, veleros, lanchas e incluso a nado, como ocurrió el sábado 14 desde Villa Urquiza hasta la capital entrerriana. En cada descanso se realiza un acto cultural, político y espiritual de concientización. La oposición al dragado a 44 pies (unos 14 metros de profundidad) que impulsa el gobierno nacional para poder ingresar barcos de ultramar a un sector del río, es otra de los lemas unificados.
170 Escalones acompañó la procesión náutica durante las jornadas del 14 y 15 de marzo, transitando paisajes y sueños compartidos sobre este curso de agua natural.

Villa Urquiza – Paraná
Una pava ennegrecida por el fogón quedó en el pasto, cerca de un salvavidas. Más allá, una camisa floreada cubría parte del estuche negro de un trombón, mientras que las banderas argentinas quedaron apoyadas en los árboles en esa mañana lenta, de caracol, entre las carpas de Villa Urquiza. El trayecto del día no era exigente, los que iban amaneciendo lo sabían y compartían esa parsimonia entre mates, guardado de bolsas de dormir y conversaciones a media voz. Hubo peña la noche anterior, por lo que estaban quienes sufrían y quienes bromeaban con las consecuencias.
En la costa descansaban las embarcaciones emblemas: La Yaguarona y Salvemos al Paraná, junto a kayaks y piragüas. Un frente de tormenta oscureció el horizonte de islas hacia el norte y unas gotas cerca del mediodía desataron alarmas que los más expertos se ocuparon de disipar con un tranquilizador «pasa de largo».
Se sumaron remadores a la actividad del día. También nadadores: cuatro deportistas irían escoltados por guardavidas en tablas. Uno de ellos había llegado desde Buenos Aires. La delegación de La Porota, que viajaba en la lancha Los dos hermanos, compartpia un almuerzo de empanadas y tinto. La proveeduría del camping despachaba sánguches de milanesas y pizzas. Desde la barra, un hombre con su fernet mañanero se interiorizaba de la actividad. En el campamento, una olla colectiva de fideos tirabuzón se distribuía para recargar energías en platos hondos, de chapa, plásticos y de colores. Utensilios tan diversos como las personas reunidas en esta marcha.

La concentración antes de la partida fue sobre la playa. En una ronda, Cosita explicó la carta de navegación de la jornada: cruzar hacia las islas del lado santafesino, ir bordeando hasta la comunidad so Icoleq para realizar una parada, y luego seguir hacia el balneario municipal. «Si alguien tiene otra idea…», consultó el baqueano, pero nadie lo contradijo, y cerca de las dos de la tarde las embarcaciones abandonaron la arena de la costa con proa hacia la otra orilla.
Sin exigencias físicas complejas -excepto para los nadadores- se conformaron «camalotes» entre kayaks o tablas, en los que se compartieron los mates y las charlas. Algunos palistas se zambulleron para una refrescada, otros recordaron la travesía del año anterior y debatían sobre el devenir del movimiento ambiental. Así transcurrieron los nudos náuticos hasta el desembarco en la isla El Letrero, donde la comunidad mocoví so Isoleq recibió a todos con bandejas de torta fritas. «Nos une el amor por este río, que es el origen de ellos, también», dijo Cosita, micrófono en mano, en una ronda sobre la barranca frente a la Toma Vieja. «Acá estamos nosotros tratando de compenetrarnos con esta familia y las diez y ocho comunidades que integran este lugar, con un agradecimiento al cacique Julio Romero», completó. Romero, que no es Cosita sino el cacique, expresó que «son todos bienvenidos acá, donde brindamos lo que tenemos a mano. Las puertas siempre están abiertas para la gente que pase. Fuerza en esta lucha en la que estamos, que no se detenga y que lleguemos al propósito que deseamos».

Mariano Martínez comenzó a golpear rítmicamente un bombo para contagiar entusiasmo, generar clima y apurar la salida. En el tramo final se incorporaron más embarcaciones a remo hasta llegar al medio centenar, y se desplegaron las grandes banderas celeste y blanca. Cerca del arribo Cosita prendió un pucho y remó a pulso con la Virgen de Itatí que le entregaron en Corrientes como pasajera a su espalda. El hombre sabía que lo esperaban los abrazos emocionados de la llegada. Una vez más, el canto compartido, tanto desde las embarcaciones como de la muchedumbre reunida en el Municipal fue: «no se vende, el río no se vende, el río se defiende».
Hubo menos gente que el año anterior: el festival cultural armado en Paraná no resultó tan atractivo para el público como en 2025. De todos modos, el marco fue de celebración en la lucha. Una gran bandera argentina desplegada sobre la playa completaba la escena. A diferencia de la travesía pasada en la que inmediatamente las personas rodearon a las embarcaciones ni bien se frenaron en la costa, en este caso el río en bajante dejo un tramo de barro entre el agua y la arena que le dio una pausa a ese encuentro, prolongando el canto de la consigna común antes de enterrar los pies en la mezcla fresca y pegajosa.
«Creo que lo más importante ha sido encontrarse y empezar a caminar sobre una mirada de cuenca. Vamos a tener que conformar los comités de cuenca en cada localidad, en cada lugar donde haya un arroyo que sea importante, que atraviese un monte», le remarcó Cosita a 170 Escalones. «Todo esto hay que ponerlo en discusión, porque todo esto termina en nuestro río. Termina matando larvas de peces después de lluvias, cuando se han lavado las fumigaciones producto de esa fuerte lluvia. Vemos el daño, el cambio de nivel de nuestro río Paraná, producto de una deforestación en el Amazonas, y nosotros dependemos de esa humedad que viene desde allá, desde el Amazonas, para que la cuenca del Plata pueda tener un nivel aceptable para la reproducción de los peces», añadió.

El documento leído en el acto apuntó: «buscamos frenar la entrega de soberanía de nuestro gran pariente del mar a las corporaciones de capital extranjero, que, lejos de cuidar un elemento vital para la existencia de los seres vivos, lo que hará será un ecocidio, un desastre ambiental, producto de querer obtener mayores ganancias al menor costo, pretendiendo adaptar nuestro río a los grandes buques y no como debiera ser, adaptar los barcos al río». En ese marco, se ratificó el rechazo a la licitación del gobierno nacional para reprivatizar la Vía Navegable Troncal del río Paraná. También, el texto repudió la disolución de la Administración General de Puertos y de la Dirección Nacional de Vías Navegables (DNVN), «lo que significa el remate del patrimonio público de dichos organismos». Las organizaciones promotoras de la movida reclamaron que se le dé lugar a las provincias en las decisiones y que el Estado ejerza su soberanía sobre la principal vía fluvial por la que circula el 80% del comercio exterior argentino. «Apelamos a la memoria de nuestro pueblo y su tierra, de quienes habitaron y habitan ésta tierra sabia, enunciamos que el futuro será ancestral y de la unidad de los pueblos. En un mundo de guerras, genocidios, explotación y destrucción, apelamos a construir un futuro que se centre en las necesidades de los pueblos y respete nuestros territorios. Un mundo que priorice y defienda nuestras historias de cooperación por sobre las imposiciones corporativas e imperialistas es urgente y necesario. Tenemos la certeza de que lo que nos une son las aguas. Porque cuando cuidamos las aguas estamos cuidando a la Madre Tierra y la vida en todas sus formas, las de hoy y las de mañana», concluyó el escrito.
Paraná – Santa Fe
Enlazar las dos capitales fue un gesto organizativo de unidad. En la travesía del 2025, varios santafesinos acompañaron la remada en los días finales del trayecto. Para este año, se buscó visibilizar y generar un acto en aquella costa.
La salida, con las embarcaciones principales y sus referentes acompañadas de tres piragüas y media docena de kayaks, ocurrió el domingo pasadas las 10 de la mañana, bajo un cielo despejado. La ruta náutica costeó hasta Bajada Grande y de ahí cruzó hacia las islas. Hubo un primer reagrupamiento frente a Bajada para ponerse de acuerdo sobre por dónde continuar, en el que Cosita, como un libro abierto, derivó la charla en una clase magistral sobre el paso de Charles Darwin por la zona, la importancia de los descubrimientos que hizo para la maduración de sus teorías y su preocupación por la presencia del yaguareté, al que llamaba simplemente «tigre».
De a poco se fueron perdiendo de vista los humedales del oeste y las relucientes casitas de los edificios del Procrear de la zona de avenida Ejército. Al pasar cerca de la isla La Paciencia, se sumaron a la expedición seis kayakistas, todas mujeres, del Club Náutico Azopardo de Santa Fe, que habían acampado la noche anterior esperando el paso de la travesía.

Luego de remontar un pedazo del Colastiné, la siguiente parada fue en un islote en la entrada al canal del puerto, cerca de la boya del kilómetro 585. Allí se compartieron frutas, turrones y galletas a modo de almuerzo sencillo. La remada continuó por el canal, interrumpiendo la siesta y la sobremesa de algunos pescadores entre los estertores de Alto Verde. La gurisada saludaba al paso y se producían breves diálogos como este:
-¿Es una carrera?
-No, es una manifestación.
-¿Una manifestación? ¿y qué es?
-Para que el río sea nuestro, sea de todos.
En otra:
-Buenas.
-Buenas, ¿hay pique?
-Nada sale, che.
El «Espinillo», un pescador conocido que tiene una columna semanal de radio en la que informa qué tipo de peces andan saliendo y en qué lugares específicos, esperó a la delegación con una jarra de fernet con coca que pasó de kayak en kayak mientras un perro negro ladraba entre dos canoas con sus patas en el agua.

La silueta de los edificios santafesinos fue creciendo lentamente desde la desembocadura del canal. Cerca de las cuatro de la tarde, en el arribo a la zona del puerto, hubo un nuevo encuentro con una columna de kayaks que remontaban desde Santo Tomé. Ya eran más de cincuenta embarcaciones paleando río arriba, escoltados por un barco de prefectura, con el marco de opulentos desarrollos inmobiliarios portuarios a la izquierda y las viviendas de Alto Verde a la derecha.
El paso por debajo de los puentes fue acompañado por gente alentando desde lo alto del Marcial Candioti, donde se había desplegado una gran bandera argentina. El último tramo recorrió las playas del este de la Setúbal hasta el balneario municipal, frente al tanque del Conicet, donde se realizó un acto de recibimiento entre banderas argentinas, una insignia palestina y la wiphala. La radio abierta amplificó la palabra de los protagonistas quienes, una vez más, destacaron el valor del agua por sobre todo. Mientras, el atardecer ganaba la laguna.

