Orientación: pensar y correr

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

 

 

Se trata de un deporte más que centenario que está dando sus primeros pasos en el litoral: Orientación u orienting (su nombre en inglés), que consiste en encontrar en un territorio los puntos señalados en un mapa, usando la brújula y, a veces, el altímetro. Se practica generalmente al aire libre y en un tiempo acotado hay que recorrer la mayor cantidad de puntos posibles. Gana el que junta más puntos, sea en cualquier orden o en la modalidad de un recorrido específico.

 

 

Con esa premisa se juntó un grupo de gente, una siesta de fines de mayo en el Parque San Martín, en La Picada. Cerca de una baliza blanca y naranja que señalaba el punto de encuentro, grandes y chicos, parejas y familias atendían a las explicaciones del ingeniero Eduardo Nin, principal divulgador de la actividad en Entre Ríos. Nin se ocupó de repartir mapas y prestar unas brújulas especiales que se colocan como anillos y permiten en una sola mano sostener  el mapa impreso con la brújula al mismo tiempo. Luego de explicar las reglas del juego y de que cada uno escaneara el QR de la partida (que comenzó a contar el tiempo a partir de una aplicación utilizada para el evento), la gente se dispersó por los senderos, orillas, arenales y monte nativo de parque tras la búsqueda de las postas. La propuesta se reiteró al atardecer, con un nuevo grupo que, además, llevó linternas, mientras los demás compartían su experiencia con una ronda de mates.

Este programa, le dijo Nin a 170 Escalones, intenta realizarse al menos una vez por mes en distintos espacios: el Parque Urquiza, la Toma Vieja y el Thompson, son algunos circuitos posibles. «El desarrollo en Paraná y la región de este deporte es muy escaso. A nivel mundial, sin embargo, tiene mucha historia. Se considera la creación en 1890 cuando el ejército noruego que hacía prácticas de orientación interna organizó una competencia abierta para el público civil y puso algunas reglas. Fue un año antes que el primer partido de basket con reglas, que es de 1881», señaló Eduardo, de 54 años, que desde hace dos décadas practica orientación. En Suecia, agregó, es parte del deporte en las escuelas desde 1942. En la década del sesenta se formó la federación mundial y en los setenta lo reconoció el Comité Olímpico. A la Argentina, todo esto llega con el nuevo milenio, impulsado por deportistas de San Luis que lo empezaron a practicar y promocionar.

 

 

«En 2003 hice una carrera de orientación en bici, y en 2005 una a pie en La Cumbrecita (Córdoba), que me encantó», compartió Nin sobre sus inicios. En el país, explicó, hay un campeonato nacional desde hace 25 años, con seis fechas, la mayoría en la zona de San Luis, Córdoba, Mendoza y Buenos Aires. Hay provincias con campeonatos locales, pero en el litoral hay muy poca actividad. Por ahora. 

«Estamos tratando de revertir eso, dando charlas para profesores con el Consejo General de Educación, haciendo actividades con escuelas y queriendo armar circuitos permanentes en un lugares públicos, en Paraná y en el Parque San Martín, para que sea accesible», indicó el apasionado Nin, que se dedica a sistemas de base de datos como profesional independiente para distintas empresas. Eduardo practicó varios deportes de chico; cuando entró a la Facultad a estudiar ingeniería electrónica dejó casi todo hasta los 30 años que descubrió esto.

 

 

Correr y pensar

El juego es parecido a la búsqueda del tesoro: cada punto en el mapa está representado en el terreno por una baliza de color blanco y naranja, con un código QR que hay que escanear para certificar el paso por el lugar. Se puede practicar en numerosos entornos agrestes, en la montaña e incluso dentro de edificios públicos, campus universitarios o shoppings. Las competencias duran desde 15 minutos hasta 24 horas, y se puede sumar cualquier persona, desde niños de seis años hasta adultos de más de noventa. Las modalidades también varían: buscar las balizas en orden, en cualquier orden, competencias de relevo, en equipo, en bicicleta, etc.

«Este es un deporte que se le dice de pensar y correr, porque no solo hay que correr sino saber leer el mapa, usar la brújula, orientarse en el lugar, tener una ubicación espacial y saber para dónde ir y plantear una buena estrategia. Todas esas habilidades, que para mucha gente parecen inalcanzables, son cosas que se aprenden», introdujo Nin. «En las prácticas que nosotros hacemos enseñamos todos esos conocimientos que son necesarios», añadió. Orientar.er es un club que intenta formar -casi no hay clubes en la Argentina- para darle un marco de legalidad a la actividad. Además, hay una idea de reflotar una federación nacional para lograr mayor inserción en el mundo. «Fuimos a un campeonato sudamericano en la Triple Frontera, en Brasil; había 800 brasileños, 90 paraguayos y seis argentinos. En 2025 fui por primera vez al mundial de larga distancia en España y la gente de la Federación Internacional nos animó a desarrollar el deporte en la Argentina», contó. 

 

 

Con un entusiasmo contagioso, Nin empezó a promocionar la práctica de orientación en la provincia. Planea una primera competencia en agosto en Valle María -por ahora son prácticas recreativas las que realizan- y para el 2027 traer a la región una fecha del campeonato nacional. «Esto requiere de un desarrollo físico y cognitivo, y además lo favorece, tanto en la infancia como para los adultos y adultos mayores. Nos exige mantenernos activos: ver un mapa, ubicarse, identificar objetos, tener memoria, tomar decisiones rápidas. Es un montón, mucho más que en una maratón. Y el asunto es que muchas veces no gana el más rápido, sino el que se sabe orientar mejor», confesó Eduardo.

Nin indicó que es común que los que organizan las actividades y crean los circuitos luego los dejen en estado público con un enlace para poder descargar mapas y hacer prácticas en otros momentos. A eso se llama «circuitos permanentes de orientación», se pueden ver   en la página internacional, y descargando una aplicación se puede acceder a los más cercanos en todo el mundo. En la Argentina hay varios en San Luis, Buenos Aires y Córdoba. En Europa existen en gran cantidad. Aplicaciones hay varias, es la forma que se usa para certificar, pero no son oficiales. Antiguamente, había un cartón tipo pasaporte por cada punto de control en el que había un sacabocado, sellito o fibra de color con la cual marcarlo. En la llegada alguien pasaba esa información a una planilla. La app es algo que se usa mucho en las prácticas y competencias informales porque se usa el celular (que a su vez tiene acceso a Google maps y otros dispositivos que no pueden utilizarse durante competencias). En Europa, las competencias utilizan sistemas electrónicos en las balizas en las que hay que apoyar una especie de pendrive precintado a la muñeca. Las competencias de alto nivel usan otro sistema de control de paso que tiene dispositivos electrónicos en las valizas, y cada participantes tiene una especie de pendrive atado a la muñeca, precintado, en el punto de control se apoya la muñeca en la baliza y se carga solo. Las competencias pueden reunir a 15 mil personas.

Respecto a los mapas, la nomenclatura es universal. «La gente que hacemos mapas nos tuvimos que capacitar, leer un manual de cien páginas que te dice de qué color tiene que ser en el mapa la vegetación en la que se puede caminar, en la que no; cómo identificar un arado, un terreno prohibido, una barranca, arena, etc.», resaltó Nin. Para el diseño de estos mapas se suelen usar software que ya tienen precargados los senderos y distintas simbologías. Todo está estandarizado, por eso «uno puede ir a cualquier lugar del mundo y va a encontrar lo mismo, aunque el idioma sea otro», acotó. «Estas cosas se van aprendiendo de a poco, como las reglas del fútbol», concluyó.

 

 

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