Ante los portadores de la oscuridad: luche y baile

TEXTO STEFANÍA DE LA FUENTE LUCCA

FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

 

 

Sobre las escalinatas que llevan al escenario se reúnen ellas y sus hijos; sonríen y piensan: nuestra venganza es ser felices. Es apenas una postal de cierre, porque el sol ya se escondió y la emoción se siente en el cuerpo, sobrecargado de energía. Pero unas horas antes, cuando el sol alumbraba pleno como en aquellos días, un centenar de personas convirtió la Plaza Sáenz Peña en un espacio de ritual. Es 24 de marzo de 2026 y se cumplen 50 años del último golpe de Estado en Argentina.

 

 

Son las 17:30, casi en punto, y comienza la marcha del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia en Paraná. Tradicionalmente, el frente de la movilización está reservado para la bandera de arrastre de la Asociación de Familiares y Amigos de Detenidos Desaparecidos Entrerrianos y en Entre Ríos (A.F.A.D.E.R.). Se trata de una gran lona blanca que ocupa los tres carriles de calle Carbó y lleva impresa la foto de cada víctima entrerriana de la dictadura. Detrás se ubican quienes se ofrecen a llevar las pancartas que nombran a cada desaparecido/a; más atrás se ordenan gremios, sindicatos, centros de estudiantes, organizaciones sociales y políticas, junto a otras agrupaciones convocadas a marchar.

El recorrido de este aniversario difiere de años anteriores y busca señalar puntos vinculados al reclamo por memoria, verdad y justicia, así como al repudio de la violencia institucional. Desde la esquina de Enrique Carbó e Illia, la columna avanza hacia calle Gualeguaychú y pasa frente a la Jefatura Departamental de Paraná, lugar donde falleció Ariel Goyeneche, el 11 de agosto de 2023, tras ser reducido violentamente por efectivos policiales en la vía pública. En la esquina de Belgrano y Gualeguaychú la voz de Mercedes Sosa rebota en las paredes de la bocacalle y vuelve como boomerang hacia los pañuelos de un grupo de bailarinas que danzan en parejas, “tiempo azul, la niñez, de escuchar y aprender cómo ríe la voz, llora el dolor y canta la risa” canta una y otra vez la Negra.

 



En febrero de este año se presentó el colectivo “Cultura x la Memoria”, una iniciativa que busca articular cultura, pedagogía y derechos humanos para construir una agenda que trascienda el mes de marzo. Desde este espacio se convocó a ballets y grupos para que intervinieran la marcha con pequeñas escenas, como vidrieras, que sumen nuevas expresiones al recorrido de la movilización.

Por Belgrano, cruzando calle Alem, la columna se ensancha en la esquina de avenida 25 de Mayo. A la izquierda, en dirección al centro cívico, se ubican el edificio de Canal 9 Litoral y, contiguo, el de la Cámara Federal de Apelaciones. Allí se realiza una nueva parada porque es en ese ámbito donde funciona el Juzgado Federal encargado de dar impulso a las causas de lesa humanidad, lo que incide directamente en el rumbo de los procesos de justicia y reparación. Sobre la vereda, un grupo de jóvenes vestidas de negro, con camperas bordó atadas a la cintura, forman cadenas de cuerpos que simulan impedir el paso. La coreografía es acompañada por la voz del Indio Solari en Vencedores Vencidos: “y ahora tiro yo, porque me toca, en este tiempo de plumaje blanco. De un mudo con tu voz, y un ciego como yo, ¡vencedores vencidos!”

En el centro del tumulto un grupo de mujeres porta una bandera blanca, de bordes azules, lo suficientemente larga como para llevar 317 nombres de detenidos-desaparecidos de Entre Ríos. Las mujeres, o muchas de ellas, son las “Bordadoras de Memorias”, un grupo que desde octubre de 2025 se reúne, sorteando la diversidad de edades y recorridos de vida, para bordar, uno por uno, los nombres de quienes ya no están. Una producción de la memoria, una obra de arte también, que se suma a la convocatoria nacional de Madres de Plaza de Mayo y que se reprodujo en todo el país con miles de personas bordando de manera colectiva.

 

 

La movilización llega a la Catedral de Paraná. Enmarcada por la Municipalidad, la Escuela Normal y el gran edificio blanco de la iglesia católica se comienzan a escuchar los primeros gritos “¡qué digan dónde están!,¡que digan dónde están!”. En las escaleras de la iglesia mayor, actores y actrices, payasos y clowns, representan una obra de teatro callejera. Del lado izquierdo las cámaras del viejo canal ATC filman a gente que festeja, silba y tira papelitos; usando la expresión coloquial “están en un cumple”, desentendidos completamente de la realidad, mientras que del lado derecho otro grupo levanta carteles que dicen “Es imposible desaparecer”, “Nunca Más” y se enfrentan a los personajes que deambulan de izquierda a derecha, vestidos como militares con todo y bastones largos. Toman por la fuerza a algunos y los hacen pasar por un tubo de tela que representa la desaparición. Jorge Rafael Videla, la máxima expresión de la represión, había estado en Roma en 1977, junto al Papa VI, y al regresar al país pronunció la frase que se volvería emblemática del terrorismo de Estado: “es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido.” El rol de la iglesia católica durante la última dictadura militar no es noticia, mientras algunos sectores de la iglesia acompañaron reclamos de familiares de desaparecidos, otros mantuvieron posiciones cercanas al poder militar o guardaron silencio frente a las violaciones a los derechos humanos, por eso el cántico “ustedes se callaron cuando se los llevaron” se renueva frente a la catedral.

La próxima intervención artística tiene lugar en la peatonal San Martín, con Gustavo Cerati como fondo sonoro. Mientras la canción dice “adorable puente se ha creado… cruza el amor”, cuatro personas caminan con carteles hechos artesanalmente: en uno, la foto de Daniel Martín Angerosa; en otro, la de Blanca Estela Angerosa. El tercer eslabón lo porta una joven que no supera los 15 años, lleva un cartel sin imagen, pero con un nombre “Pedro Robledo Angerosa, te estamos buscando”. Allí aparece el detalle: el cartel de Blanca indica, debajo de su nombre, “madre de Pedro”.

Entre las personas desaparecidas no solo hay adultos, militantes secuestrados y asesinados por la dictadura; también hay quienes permanecen desaparecidos con vida: niños y niñas apropiados que hoy caminan por este país, o por otros, sin conocer su identidad biológica. Muchos de esos casos fueron investigados e impulsados por las Abuelas de Plaza de Mayo. Entre ellos está el hermano de Gastón Mena, cuya búsqueda sigue abierta; o el caso de Matías Ayastuy que busca a un hermano o hermana nacido en cautiverio; también el reconocido caso del Melli Valenzuela Negro, hijo de Tulio “Tucho” Valenzuela y Raquel Negro, hermano de Sabrina, una nieta recuperada por las Abuelas que se convirtió en la principal impulsora de la búsqueda de su hermano y que camina las calles de Paraná en la misma procesión que esta familia, junto a sus compañeras y compañeros de H.I.J.O.S.

 

 

La marcha pasa por Tierra Bomba, hoy un espacio cultural que anteriormente funcionó como Dirección de Investigaciones de la Policía y estuvo vinculado a desapariciones previas al golpe. También recorre el Poder Judicial de Entre Ríos y la Casa de Gobierno, donde la multitud entona consignas contra las políticas del gobernador Rogelio Frigerio y de los legisladores que representan a la provincia a nivel nacional, a quienes se señala por haber acompañado medidas de endeudamiento, ajuste, privatización y extranjerización de territorios y bienes comunes. En este punto, desplegada sobre la vereda, aparece la bandera del colectivo LGBTIQ+, que señala el número “30.400” como una forma política y simbólica de indicar que hubo al menos 400 víctimas pertenecientes a disidencias sexuales y de género, perseguidas de manera particular, y que la represión en dictadura también tuvo un componente de persecución sistemática por identidad y orientación sexual, además de la posterior invisibilización de esas historias.

Por calle Santa Fe avanza la columna, histórica y multitudinaria, que supera las diez cuadras de extensión, para retomar por Alameda de la Federación y dirigirse hacia calle Buenos Aires, donde se emplaza el Museo de Bellas Artes, ex centro clandestino de detención y tortura ubicado en pleno centro de la capital provincial. Entre aplausos, la movilización llega al Museo y, desde el escenario que mira hacia Plaza Alvear, dos personas entonan: “a donde vayan los iremos a buscar”. Mientras las columnas terminan de ingresar a la plaza, se inicia el tramo formal de la jornada del 24 de marzo y se presentan artistas de la ciudad que se suman a la grilla de música y danza de una movilización que no solo reclama, sino que también celebra la posibilidad de ocupar el espacio público, vivir en democracia, exigir lo pendiente y construir un futuro.

Luego de las acciones de rigor: cantar el Himno Nacional Argentino, nombrar a cada una y cada uno de los detenidos-desaparecidos y afirmar, a viva voz, que están presentes, ahora y siempre, comienza la lectura del documento consensuado por organizaciones, gremios y sindicatos que integran la Multisectorial de Derechos Humanos de Paraná. En uno de los laterales del escenario, se destaca la presencia de intérpretes de Lengua de Señas Argentinas, que acompañan el texto con profesionalismo y compromiso. En el centro de la escena están Isabel Vergara y Alejandra López, madres de Martín Basualdo y Gabriel Gusmán, víctimas de la Policía de Entre Ríos en democracia. 

“Hoy volvemos a encontrarnos en las plazas de todo el país, a 50 años del golpe cívico-militar-eclesiástico del 24 de marzo de 1976, para decir, una vez más, que la memoria no se borra, que la historia no se negocia y que este pueblo no se arrodilla”, comienzan a leer representantes de la Multisectorial, mientras los aplausos se funden en un sonido unísono.

 

 

El documento es profundamente político y crítico de la actualidad argentina. Señala que los procesos históricos no se producen de un día para el otro y que este presente, marcado por la desarticulación del entramado social solidario y la profundización de políticas de sometimiento, encuentra su correlato en los proyectos económicos, políticos y culturales de las dictaduras en Argentina y América Latina, que contaron con la complicidad de la Iglesia, el Poder Judicial y los medios de comunicación hegemónicos. El señalamiento respecto a la línea histórica, discursiva, de intereses similares y personajes repetidos no es casual, porque el gobierno de Javier Milei se ha pronunciado múltiples veces en defensa, justificación y reivindicación del terrorismo de estado y los genocidas. Por eso el texto remarca, y así lo demuestra quien está al micrófono, que desgarra la voz al pronunciar “No perdonamos, no olvidamos y no nos reconciliamos”.

El documento retoma las banderas de distintos actores sociales y políticos y logra una síntesis unificada, a diferencia de años anteriores, cuando la movilización tuvo cierres disímiles, con columnas que se dispersaban hacia distintos puntos. Frente a la reaparición de la idea de “enemigo político” y a los intentos de disolver lo colectivo trasladando los reclamos al ámbito privado, vuelve a cobrar sentido la consigna de que la unidad fortalece. Hacia las ocho de la noche, con el viento comenzando a enfriar el aire, la presencia del público no cesa.

Entonces Sabrina Gullino, hija de Tucho y Raquel, toma el micrófono para recordar su historia. Vive en Rosario, pero nació en el Hospital Militar de Paraná, mientras su mamá permanecía secuestrada. Luego, fue llevada junto a su hermano mellizo al Instituto de Pediatría de Paraná, donde estuvieron juntos por última vez. Desde el escenario, Sabrina remarca la complicidad civil en el terrorismo de Estado y señala los circuitos médicos y represivos de la época, que incluyeron instituciones de salud donde profesionales intervinieron en partos clandestinos y en maniobras de ocultamiento de identidad.

“Que Torrealday y Rossi me digan dónde está. Tengo derecho a saber dónde está mi hermano. Mi corazón está con todos ustedes. Sepan que cada vez que vengo a Paraná, vengo con la alegría y la esperanza intactas de saber que siempre me acompañaron. Veo a mi hija, que me saluda, ella tiene derecho a conocer a su tío, a sus primos y a toda la familia que mi hermano haya formado. Gracias, los quiero mucho.”, expresa, de pie frente al micrófono, acompañada por cientos de personas que, en silencio, dejan ver la emoción que recorre la plaza y luego la aplauden acompañando su bajada.

 

 

La jornada da paso a un momento de distensión. Sube al escenario la murga local “La de Bolsillo”, que entre canción y canción reclama que “los portadores de oscuridad nos digan dónde están”. Les sigue Anarkústico, que dedica su tema “Las mismas calles” a Isabel Vergara, aún presente en la plaza a las nueve de la noche, quien espera al costado del escenario hasta fundirse en un abrazo con Adrián López, integrante de la banda. Luego llega Apóstol, con una presentación disruptiva: Agucho, solo en escena, canta, baila y deja una consigna breve pero potente: “luche y baile”. Una idea que, con distintas palabras, atraviesa históricamente los espacios de transformación social y política: “endurecerse sin perder la ternura jamás” o “defender la alegría como una trinchera”.

El cierre llega con Pequeños Seres, tributo a Luis Alberto Spinetta, que convoca a jóvenes que saltan, cantan y bailan, junto a un hombre de traje, de pelo canoso y arito en la oreja, que, aunque limitado por el atuendo, se suma al “pogo” de chicos y chicas a los que les lleva varios años. Y ahí aparece la postal final, la imagen que queda flotando al retirarse: siempre, la venganza será ser felices.

 

 

 

 

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