
En el muro lateral de la iglesia San Miguel, sobre calle Buenos Aires, alguien escribió: “Si Dios es tan bueno porque mi mamá me odia». La cita no es exacta dado que el autor o la autora de la frase mezcló mayúsculas y minúsculas, no utilizó signos de puntuación ni tildes y tampoco separó las palabras; incluso habría agregado una “i” de más. No obstante, el sentido está claro. En todo caso, la gramática se ha derrumbado bajo el peso de una perplejidad urgente. Tal vez, la falta de una respuesta tranquilizadora ha llevado al grafitero o la grafitera a expresar su interrogación de manera pública y nada menos que sobre la pared de la casa de Dios. A pesar del cambio de los tiempos, las redes sociales y la vigilancia permanente las paredes siguen siendo una vía de expresión significativa para las voces que no encuentran otro lugar.

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