TEXTO PABLO RUSSO

Hace 50 años un grupo de tareas de la dictadura cívico militar secuestró y desapareció al cineasta, periodista y militante Raymundo Gleyzer. El terrorismo de Estado intentó, de este modo, apagar una de las miradas más lúcidas respecto al contexto político de su época. Se llevaron su cuerpo, pero no pudieron detener su legado. El miércoles 27 de mayo de 2026, Día del Documentalista en la Argentina, se realizarán diversos homenajes a este militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores que se convirtió en referente de las nuevas generaciones de realizadores que abordan temas políticos y sociales. Entre estas actividades, habrá proyecciones de sus materiales en distintos puntos del país.

La acción, impulsada por el Foro Audiovisual de la Provincia de Buenos Aires que se denomina Sembramos a Raymundo, cuenta con más de cuarenta funciones federales coordinadas en red, en más de diez provincias e incluso en España. En Paraná, Entre Ríos, será el Cine Club Musidora quien proyectará Los Traidores (1972) a las 20:30 en Saltimbanquis (Feliciano 546). “Invitamos a proyectar una pieza audiovisual de Raymundo para sembrarlo como semilla que se esparce. Para sembrarlo en los barrios, en las ciudades, en las provincias. Para sembrarlo a lo largo y ancho de nuestro país como respuesta a la violencia y que nos encuentre haciendo”, convocaron desde el Foro Audiovisual PBA. “Raymundo Gleyzer no sólo filmó con la cámara, también lo hizo con la historia. No sólo rodó películas, sino que dejó trazado un camino. A 50 años de su desaparición, su nombre resurge cada 27 de mayo, para recordarnos que el cine puede ser una herramienta poderosa, un arma creativa cargada de futuro”, completaron.
Raymundo Gleyzer es un referente indiscutido del cine político y militante que se ocupó de los trabajadores, los sectores populares, sus vidas y sus problemas. “Nosotros no hacemos filmes para morir, sino para vivir mejor. Y si se nos va la vida en ellos, vendrán otros que continuarán…” afirmaba el realizador.
Sobre Los traidores y el Cine de la Base
En Los traidores (1972), única obra de ficción de Gleyzer y el grupo Cine de la Base, se representa críticamente el modo de organización sindical, en concordancia con la coyuntura histórica de la película y las fuerzas ideológicas detrás de cámara. La película se filmó en forma clandestina en el año 1972, durante la dictadura de Lanusse, pero se empezó a difundir al año siguiente, cuando ya el peronismo estaba en el poder.
Rodolfo Barrera es un dirigente sindical corrompido, enfrentado por un sector de los trabajadores que toman una fábrica y ya no lo reconocen como líder. El protagonista se autosecuestra (se esconde con su amante) días antes de las elecciones del gremio, su gente denuncia a la lista opositora por esto y él gana las elecciones. A medida que se desarrolla el conflicto principal, Gleyzer utiliza el recurso del racconto para narrar en paralelo la historia de Barrera, desde sus inicios como joven peronista rebelde que lucha contra la dictadura, hasta su decadente actualidad.
El acento está puesto en la burocracia sindical y el modo en que esta burocracia imposibilita prácticas democráticas dentro del movimiento obrero. El camino elegido es la puesta en escena de la formación de un burócrata, que deja de ser representante de los intereses de los trabajadores para convertirse en intermediario entre los trabajadores y el capital: un traidor a su clase, que ya no es un obrero ni un patrón. ¿Cómo se relaciona el protagonista con el conjunto de los trabajadores? Gleyzer expone en esta película su visión de la lucha interna dentro del sindicalismo y las diversas corrientes ideológicas, la resistencia contra la dictadura militar de fines de los años sesenta, y la toma de conciencia, a partir de la experiencia, por parte de los trabajadores de que las organizaciones sindicales tradicionales ya no los representan.
Las agrupaciones de base son su objetivo político extracinematográfico, y tiende entonces un puente para la discusión con sectores del peronismo. Pone en boca de un peronista un discurso sobre la lucha por el poder económico y contra el verticalismo sindical; deja al descubierto las diferencias existentes entre la CGT de los Argentinos y la CGT Azopardo; y, finalmente, las contradicciones se agudizan en el relato hasta que las bases hastiadas de la burocracia se deciden por la creación de una tendencia clasista y la organización de la “violencia de los desposeídos”.
Después de pasar por el Festival de Pesaro en el año 1971, Gleyzer visitó a Joris Ivens en París. Fue el director francés quién les recomendó profundizar en el tema de la burocracia sindical, de acuerdo a la descripción que hacían en los cortometrajes como Swift (en el que combinaban material filmado con imágenes resignificadas de los noticieros televisivos con otros documentos periodísticos complementarios en un ejercicio de contrainformación). En cuanto al financiamiento, contaron con la ayuda de Bill Susman, productor norteamericano que había apoyado México, la revolución congelada (Gleyzer, 1970). Los traidores se filma en forma clandestina en el año 1972, durante la dictadura de Lanusse, pero se empieza a difundir al año siguiente, cuando ya el peronismo estaba en el poder. Octavio Getino, del grupo Cine Liberación, vio la película cuando conducía el Instituto de Cine y le subrayó sus diferencias ideológicas a Gleyzer, aunque le aseguró que no sería prohibida. De todas formas, en poco tiempo todos pasaron a la clandestinidad y se volvió muy difícil seguir proyectando durante el último gobierno de Juan Domingo Perón e Isabel Perón. Cine de la Base es creado por Raymundo Gleyzer por la necesidad de difundir esta película.
Después de haber filmado dos comunicados del ERP a principios de los años setenta, uno sobre el asalto al Banco Nacional de Desarrollo y otro sobre el secuestro del cónsul británico y administrador del frigorífico Swift, el grupo decide hacer esta ficción en un lenguaje narrativo clásico, para conseguir una difusión y alcance más amplios. Raymundo Gleyzer expresaba que, “el problema fundamental, cuando nosotros nos dedicamos a hacer el film, es plantearse a quién está destinado este producto (…) El problema reside en cómo llegar a la base y no sólo en términos teóricos, que indican siempre que hay que hacer un cine para la base, un cine para la clase, etc., sino el método concreto, la práctica que lo permita”.
Dentro de la filmografía de Raymundo, Los traidores corresponde al tercer período de acuerdo a la secuencia que definen Fernando Peña y Carlos Vallina: luego de una etapa etnológica y otra de periodismo de investigación, entre 1971 y 1976 este director se suma al cine clandestino militante. Aunque el PRT ayudaba con la difusión, no había bajada de línea ni control político sobre la obra. Se puede pensar que la ideología de Gleyzer estaba en concordancia con el resto del grupo, si bien surgieron diferencias en relación a las posiciones políticas concretas respecto al final de la obra.

Sobre Raymundo Gleyzer
Nació en Buenos Aires, el 25 de septiembre de 1941. Se especializó en el género documental, aunque también dirigió ficción. Realizó actividades como periodista. Era hijo de un inmigrante ruso ucraniano, Jacobo Gleyzer, y de Sara Aijen.
A los 20 años, Gleyzer dejó la Facultad de Ciencias Económicas donde estaba estudiando y se inscribió en la Escuela Superior de cine de la Universidad Nacional de La Plata. En 1964 realizó La tierra quema, un documental que narra la miseria de los campesinos en el noroeste de Brasil. Posteriormente realizó el mediometraje Ocurrido en Hualfin (1966) junto con Jorge Prelorán. A partir de 1965 inició otra etapa, marcada por su trabajo en noticieros (Canal 7 y Telenoche por Canal 13, ambos de Buenos Aires). Fue el primer camarógrafo argentino que filmó en las Islas Malvinas, desde donde produjo en 1966 una serie documental sobre vida cotidiana en las islas, para Telenoche, programa conducido en ese entonces por Mónica Cahen D’Anvers y Andrés Percivale, de ahí se desprende su documental Nuestras Islas Malvinas. Igualmente, fue el primero en enviar informes fílmicos y reportajes sobre el trabajo en la zafra del azúcar en Cuba, para emisión en la televisión argentina en 1970.
Realizó el documental México, la revolución congelada (1970), los comunicados fílmicos del PRT-ERP Swift y el Banco Nacional de Desarrollo (1971), Ni olvido ni perdón: 1972, la masacre de Trelew (1972), y Me matan si no trabajo y si trabajo me matan: La huelga obrera en la fábrica INSUD (1974). A nivel personal, continuó su formación como marxista y militó en el Partido Revolucionario de los Trabajadores. Casado con Juana Sapire, tuvieron un hijo, Diego. Ambos viven hoy en Nueva York, Estados Unidos.
Para acercarse a la figura del fundador de Cine de la Base, hay tres libros que resultan esenciales. El primero es la biografía El cine quema: Raymundo Gleyzer, de Fernando Martín Peña y Carlos Vallina (Ediciones de la Flor, 2000). En él, a través de los testimonios de sus amigos, colaboradores, familiares y fragmentos de cartas que él mismo escribió, Peña y Vallina reconstruyen la personalidad y la obra de Raymundo. El segundo es Un cine hacia el socialismo. El PRT-ERP en imágenes, del Grupo Revbelando Imágenes, publicado en 2016 con la editorial de Fundación La Hendija, en Paraná. “Fue el cuarto libro que producimos de modo autogestivo y en el que convocamos a un conjunto heterogéneo de autores conformado por periodistas, investigadores, académicos, realizadores y docentes. En este 50 aniversario de la desaparición de Raymundo, queremos compartir este libro en formato digital para que pueda sumarse al homenaje que desde distintos espacios se le realiza. Y para que circule un material que entendemos necesario al momento de pensar el audiovisual hoy, ante el avance del fascismo a nivel mundial y la urgencia por construir herramientas de contrainformación”, indicó el grupo editor, que puso a disposición el PDF con el material para su libre descarga.El tercero es Compañero Raymundo, de de Juana Sapire y Cynthia Sabat, de la Colección Hasta la Memoria Siempre, publicado por el INCAA en 2015. El proyecto nació a fines de 2010, cuando Juana Sapire viajó desde Nueva York a Buenos Aires para testimoniar por primera vez por la desaparición de su marido, Raymundo Gleyzer. “Viajé a Nueva York dos veces, en febrero de 2011 y en enero de 2014, y conviví con ella para registrar su testimonio. Allí conserva y preserva el rico archivo de Raymundo, que contiene las fotos que ilustran este volumen y documentos tales como cartas, guiones, contratos de distribución y notas periodísticas que he utilizado como fuente para la presente investigación, parte de los cuales se han transcripto aquí en forma textual”, señaló Sabat. Este trabajo también se encuentra disponible en PDF.
Finalmente, resulta un aporte fundamental la biografía fílmica Raymundo, que Virna Molina y Ernesto Ardito realizaron en 2002 con el inmenso aporte de Humberto Ríos, quien fue maestro y luego camarógrafo de Gleyzer.
Frente al edificio en el que fue su última vivienda, en Federico Lacroze y Luis María del Carril, ciudad de Buenos Aires, una baldosa de “Barrios por Memoria y Justicia” señala y recuerda el hecho. En el barrio de La Paternal, donde creció, una plazoleta lleva su nombre, iniciativa de los vecinos. En el estadio Diego Armando Maradona, en la entrada al Museo El Templo del Fútbol, su nombre y fotografía forman parte de una placa que recuerda a los hinchas de Argentinos Juniors detenidos desaparecidos. Mientras estuvo operativo, el INCAA tuvo durante varios años un concurso federal de desarrollo de proyectos de largometrajes denominado Raymundo Gleyzer. Su obra se estudia en distintas cátedras de las universidades públicas y no son pocos los grupos de producción audiovisual contemporáneos que toman su figura como referente. A medio siglo de su desaparición, Raymundo se multiplica, en el pensamiento y en el acto, en la reflexión y en la acción.

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