La ilustración del susurro


TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

 

 

Manuel Siri es, entre otras cosas, ilustrador editorial. Intenta dar cuenta, de un modo artístico, sintético y minimalista, del contenido de un libro a través de una ilustración que se suma al diseño general de una obra. Se trata de un trabajo por momentos solitario y creativo, por otros de intercambio en equipo. Como parte de su desarrollo en la Editorial de la Universidad de Entre Ríos, Manuel tiene a cargo las tapas (y el diseño) de la colección «El país del sauce».

Las 19 ilustraciones de esas portadas producidas entre 2012 y 2025 para las coediciones de EDUNER y Ediciones UNL forman parte de la Muestra & Feria de arte gráfico e ilustración que se inauguró el viernes 23 de enero en el Centro Experimental de Arte Contemporáneo de Entre Ríos. La exposición, de la que también participan Maxi Sanguinetti, Juan Dibuja y Shei Salinas, estará abierta al público hasta el 14 de febrero en Alameda de la Federación 557.

En ese marco, entre gente que se arrimaba a saludarlo, compañeros de trabajo y admiradores en general, 170 Escalones pudo conversar con este genial artista siempre rodeado de un aura de humildad -quien además es uno de los fundadores y responsable de las diez primeras portadas de esta revista-, sobre la trastienda del proceso y su sistema de trabajo.

 

 

¿Cómo se producen estas ilustraciones de tapa?

Generalmente no es una ilustración azarosa, sino que el motivo que se ilustra viene de un fragmento del interior del libro, un detalle curioso, algo que quiere remarcar, un guiño hacia el contenido, una invitación a la lectura a través de un punto de contacto.


¿Ese punto de contacto quién lo selecciona?

Hay varias figuras antes que yo para llegar a lo que es el modelo de ilustración. El coordinador de edición es el que propone cuál sería el fragmento que podría ilustrar; eso se habla con el director de la editorial, con el director de la colección, luego se hace una propuesta que, si prospera y se considera que es coherente, se hace bien la ilustración.


¿En general presentás una o varias propuestas?

En general hay una idea inicial. A veces se desarrolla y el resultado final no convence y hay que ir por otro lado. No es lo que pasa habitualmente, pero ha pasado. Tengo ilustraciones que son tapas que no se usaron porque conceptualmente o formalmente no cerraban y después surgió otra idea. Si hay una ilustración que se desarrolla y no llega a convencer, normalmente la segunda idea es mucho más clara y es la que queda.


¿Tu laburo arranca en 2012 junto con la colección?

Yo entro a trabajar en la editorial porque se pensaba hacer una colección que iba a requerir un equipo que se estaba formando. Entro por esta colección y cuando estábamos armando la propuesta de diseño ofrecí hacer las ilustraciones de tapa. Me aceptaron la idea y hasta el momento las ilustraciones de esta colección son mías, ya tenemos un sistema de ilustraciones que manejo.

 

 


¿Cómo es ese sistema y cómo definís tu laburo?

La ilustración es minimalista, lo que se busca es comunicar una idea, un concepto, una imagen con la menor cantidad de recursos posibles. Conceptualmente no queríamos que sea una colección que tenga tapas muy estridentes, queríamos que sea de tapas sobrias. En su momento, se hablaba -y alguna vez leí por ahí- que hay tapas que gritan y hay tapas que susurran: nosotros queríamos una colección de tapas que susurren. Cuando estás en góndolas o en estantes, compitiendo con otros libros, normalmente lo que se busca es el grito, pero también un llamado más calmo a la lectura en ese contexto capta más la atención que empezar a competir a ver quién grita más fuerte.


¿Cuáles son tus referentes o nutrientes en este desarrollo?

Soy de formación autodidacta. Tengo muchos artistas, no voy a mencionar porque es una lista que va variando. Hoy, con las redes y el mundo digital, tenemos acceso a una infinidad de imágenes. Hay cierto tipo de imágenes que a mí me llaman la atención que son un tipo de ilustración planas, con plenos colores, muy sintéticas. Alrededor del mundo hay diferentes artistas que me llaman la atención. Lo que me inspira es cuando veo algo que me gusta mucho y digo “quisiera haber hecho eso”, entonces me activa querer crear algo con lo que yo pudiera estar orgulloso, como si hubiera hecho esa otra ilustración de alguien que admiro. Un poco esa es mi motivación.


¿Te ha pasado o has escuchado de gente que ha leído el libro por la ilustración?

Sí. Hay dos eventos que me han sucedido. Uno es en 2018 más o menos, me contactó una periodista de Infobae porque estaba escribiendo una nota para ese medio sobre las tapas de libros que más le habían llamado la atención en la Feria del Libro de Buenos Aires. Dijo que esta colección era una de las que más le había gustado y me incluyó en una lista que fue muy impresionante porque incluía a gente que admiro mucho, diseñadores, editoriales, estudios de diseño que son mis referentes en algunos casos. Ese fue el primer impacto, de saber que las tapas y todo este trabajo estaba siendo visto por alguien, o que alguien le podía prestar atención y entrar a leer un libro porque le gustó la tapa. El otro es más reciente, Selva Almada escribió una nota para Perfil un poco con la misma idea: qué libros ella había leído porque le gusto el arte de tapa. Mencionó dos de esta colección: Viaje a Misiones, de Eduardo Holmberg, que tiene la ilustración de una isondú hembra y su macho dando vueltas; y el libro de El país del río, complicación de crónicas de Roberto Arlt y Rodolfo Walsh, que tiene dos boyas del río como los referentes o luminarias del periodismo argentino.

 

 


¿A vos te ha pasado entrar a un libro porque te llamó la tapa?

Soy de comprar muchos libros por el diseño. Si está bien diseñada la tapa, si se le puso cariño, amor y dedicación a la tapa, el interior, por lo general, está a la altura. Es difícil que haya un libro que atienda ese aspecto sin que sea un buen libro. Si un libro me capta la atención es porque está bien diseñado y el interior acompaña, siempre. Por supuesto que hay casos en que puede pasar lo contrario.


¿Cuánto tiempo te lleva entre que vas germinando la idea hasta que tenés algo para mostrar?

A veces se me pide una ilustración y yo sé rápidamente cómo lo voy a resolver en cuanto al planteo general. Después vienen los pulidos y ajustes que tienen un tiempo. Pero si tardo más en llegar a cuál es el planteo general, es un proceso que se extiende. Hay ilustraciones que me pueden llevar dos semanas y otras uno o dos meses.


¿Cómo vivís ese proceso?

Con angustia. Soy autodidacta, entonces muchas cosas no sé cómo las voy a resolver hasta que me enfrento y las tengo que resolver. Cuando propuse ilustrar la colección nunca había ilustrado con este nivel de seriedad. Fue un poco tirarme a la pileta, pero en el fondo porque confiaba en que lo iba a poder hacer. Ahora tengo un sistema desarrollado, una técnica, tengo muchas herramientas, son 15 años de trabajo más o menos, tengo herramientas que ya sé cómo usarlas y poner a jugar cierta visión de estas cosas, cómo ir construyendo la imagen. Pero me llevó mucho tiempo construir ese sistema y esa forma de mirar la realidad. A veces, algunas salen más rápido y otras menos, es prueba y error y apasionarte por algo. Y obsesionarte mucho. Soy bastante obsesivo, entonces puedo focalizar la obsesión en esto, por lo menos hago algo útil con eso.


Esto es parte de tu trabajo y cumplís horarios. Cuando te toca hacer la ilustración: ¿Te desvelás a las dos de la mañana porque se te ocurrió algo o te ajustás a tu rutina diaria?

Tengo un horario en el que voy, trabajo e ilustró y si no me alcanza el tiempo que tengo en la oficina trabajo en mi casa. Y tengo temporadas que me gusta trabajar más de noche con una copa de vino y me salen cosas mucho mejor, y capaz a veces me salen mejor a la mañana con un mate o un café. Va variando.

 

 


¿Ilustrás a mano en papel o directamente en la computadora?

A partir del motivo que se me pide, si tengo una representación mental muy clara de a dónde quiero ir lo puedo trabajar sin ninguna referencia, sino me pongo a buscar fotos de lo que haya que ilustrar y empiezo a dibujar arriba. Trabajo directamente en la computadora. Me ha pasado a veces que no encuentro una referencia visual para tomar de base y la tengo que bocetar a mano, digitalizarla y a partir de ahí empezar el proceso de hacer el dibujo, la ilustración digital. En general, parto de imágenes reales, ilustraciones, grabados, algo que me ayude a armar la estructura de la ilustración, y empiezo a tirar ahí las formas con las que voy a construir el dibujo y de ahí me desprendo y sigo el camino despegado del referente.

Trabajo con mousse, he intentado la tableta y no me ha funcionado todavía. A veces es una forma libre y a veces parto de formas geométricas que voy fusionando, modificando vectores. Esto es dibujo vectorial, esa es la técnica, el tipo de dibujo que se hace en la computadora. Los vectores son puntos, que van uniendo y creando líneas, formas que se rellenan de colores. El programa que uso es el Illustrator, lo importante es que sea una herramienta y no un condicionante del trabajo.


¿Tenés alguna o algunas preferidas dentro de esta exposición?

Probablemente la de las boyas, tiene un efecto de luz que me gusta. La mujer que emerge de la laguna Setúbal y desprende perlas de sus pelos, esa fue una de las que tuve que bocetar porque no encontraba referente de cómo quería que fueran esos pelos y era muy específico a donde quería llegar. Esa me gusta mucho. Y tengo un cariño muy muy especial por el primero de todos que es el isondú, porque aparte tiene una leyenda muy linda. En la contratapa de cada libro se incluye el fragmento que explica el por qué del motivo de tapa; no es una explicación directa, sino que hay un fragmento. Esa fue la primera ilustración que hice, el mojón, la piedra fundante del estilo con el que se desarrolló la colección.


¿Ves un cambio en estos catorce años de laburo en tu forma de encararlo?

Hoy estoy mucho más sólido como ilustrador. Más tranquilo a la hora de empezar a hacer; antes tenía los nervios de no saber si me iba a salir, que también es importante en un momento, que te mueva algo, que te obligue a sacar algo que tal vez no te animás de otra forma. Hoy en día me siento más sólido en las tomas de decisiones para cada ilustración.


No es común este tipo de muestras de ilustración editorial…

No. En general el diseño editorial no debe ser visto como tal, sino que lo importante es que la gente acceda al contenido, a lo que es el libro en sí. Pero es lindo cuando se pone el foco en que es un trabajo, y que alguien lo hace, en que hay gente detrás, que hay un montón de actores en el proceso que son invisibles y que suman valor a la obra. Normalmente son los datos que se encuentran en la página 4, de legales, donde está todo el equipo y qué hizo cada quien. Conocí, sin querer, la profesión cuando era chico y leía en los libros de lectura de la escuela, que eran libros ilustrados con los que aprendí a leer y escribir, siempre me llamó la atención, en un rinconcito, en chiquito: “Ilustración de”. No llegaba a dimensionar en mi mente de niño que me querían decir con ese dato, no entendía que eso que estaba dibujado lo tenía que hacer alguien, porque el libro en sí no existe, como no existe el texto o las ilustraciones. Alguien las tiene que hacer. Ese fue mi primer contacto y con los años, y sin que me lo propusiera, me encontré haciendo ese trabajo y poniendo el dato que dice: “Ilustración de Manuel Siri”.

 

 

 

 

 

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