TEXTO LUCÍA TEJERA*

Qué difícil es escribir sobre Mariana, tan pronto de su partida. Qué difícil es transitar este encuentro sin ella. Fue difícil su ausencia en las reuniones de la Multi para el 24 de marzo y en las mil reuniones previas a este Encuentro. Pero Mariana estaba presente, presente siempre a través de sus compañeros de La Solapa quienes se encuentran unidos hoy por lo que vivieron hace 50 años, como si estuvieran entrelazados por un hilo invisible.
La pensamos, escuchamos su voz con ese tono despreocupado que transmitía calma y cierto desdén por los malos augurios, como quien sabe lo que cuesta dar la disputa de sentidos en estos contextos, pero con el aliento esperanzador de quien se encuentra siendo parte del campo popular. La convicción de seguir intentándolo siempre.
La partida de Mariana genera esas tristezas que dejan huecos, que no se llenan; una ausencia de esas que están siempre presentes. De las que sabemos tanto nosotros.

Una escena
Es 2019. Mariana se sienta en el medio de una sala pequeña llena de muebles antiguos que ocupan muchísimo lugar. Mariana va a ser testigo en un juicio que tiene como víctimas a tres de sus compañeras de cárcel.
Relata que fue secuestrada a los 21 años recién cumplidos; era joven, «muy joven», dice. También dice que por mucho tiempo pensó que estos tipos sentados en el banquillo de los acusados jamás iban a ser juzgados. Que por mucho tiempo vivió aterrada de cruzarlos en la calle, pero que era un terror en términos de injusticia, de impunidad. No un miedo personal.
Manifiesta que no recuerda nombres pero sí sensaciones. Siente cuerpos que la atrapan, perfumes penetrantes, un despojo constante en su condición de mujer; no solamente como militante y perseguida política, sino en su condición de mujer, enfatiza. Es precisa en la mirada, en poner el foco ahí, porque quienes no viven indiferentes al contexto politico y social en el que se dan esas declaraciones van revelando los grises invisibles, como Mariana que, a través de su palabra, de su relato, nombra con nitidez lo vivido.
Mariana aporta reflexiones respecto de las violencias y desigualdades entre los géneros, ese «plus» en la imposición del dolor sobre los cuerpos de las mujeres que se atreven a renunciar a los estereotipos culturales, y de cómo esas construcciones de representación social tuvieron un impacto importantísimo, también, en el uso de la violencia por parte de los genocidas.
Les abogades en causas de lesa decimos siempre que los hechos que relatan los sobrevivientes son siempre los mismos, que lo que se va modificando, de declaración en declaración, son las percepciones que tienen elles sobre esos hechos.
Mariana, como militante política de este tiempo, enriqueció su declaración con una mirada contemporánea de aquellos hechos. Algo que logró a través de un entrecruzamiento con su hija María Emilia, que por su trabajo, militancia, y la complicidad amorosa que tenian, pensaron y sintieron juntas la historia.
Mariana puso el cuerpo cada vez que la justicia la requería. Una y otra vez relató lo visto, lo invivible e inhabitable; un grito que no es todo el grito.
Mariana es una mujer de nuestro tiempo y, por su condición de militante política, trabajó perseverantemente con compañeres en universidades, asociaciones civiles, escuelas, en rondas, en almuerzos y sobremesas. Trabajó con muches de nosotres insistiendo en las
coincidencias. Fue amiga, referente y refugio. Con su mirada pícara y perspicaz, sus carcajadas, su complicidad, sus abrazos contenedores y su empeño por un país más justo.
Mariana estuvo siempre presente, resistiendo ante el riesgo de la desmemoria.
Hay una canción de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, una de las bandas preferidas de Mariana, que se llama Blues de la libertad. Dice: «ya no puedo soportar / La pendejada de que todo es igual / Siempre igual, todo igual, todo lo mismo». Y por eso creemos que estamos todes acá. Hay mucho por hacer para cambiar las realidades injustas.
A la memoria de Mariana, con amor. Sus compañeres de lucha.

*Palabras leídas en la apertura del 3° Encuentro Provincial de Derechos Humanos de Entre Ríos, el sábado 13 de junio en la Escuela Normal de Paraná.

