TEXTO LUISINA GAREIS / FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

Una crónica de la marcha por la Ley de la Inviabilidad de la Propiedad Privada en Paraná
Martín Kohan hace una semana en el Congreso de Literatura Entrerriana dió una conferencia que llamó «Lo que se cifra en el nombre». Explicó las palabras con las cuales se nomina a la última dictadura militar, entre otros múltiples significantes que existieron en épocas pasadas. El nombre de la Ley que buscaba habilitar la extranjerización de la tierra, quemar los montes para explotar y desalojar fácilmente a personas, es burdo. Como lo es la ultra-derecha que gobierna. Entre tanta violencia y estupidez institucional, parece que el luchador pueblo argentino está dormido. Les hijes de la generación del 80 y del 2005 no entendemos por qué parece que no estamos haciendo nada. Nos explicamos que este gobierno nos quiere pobres y la urgencia por el mango nos hace militar «menos». Pero cuando parece que nada pasa, hay cosas que pasan. Esta es una crónica de la marcha en Paraná, la capital de Entre Ríos.

La movilización se coordinó a nivel nacional para coincidir simultáneamente en las calles de diferentes puntos del país el día que se votaba en el Senado la ley que permitiría la venta de tierras rurales a capitales extranjeros -el resonado capítulo 3 que en las últimas horas fue eliminado-. Quienes participaron de la organización a nivel local saben que el profuso acto político tuvo relación con el evento del sábado 1ero de agosto realizado en la playa municipal de la ciudad. Diferentes Comités Populares de Cuencas del Río Paraná, organizaciones hermanas y personas interesadas en las cuestiones ambientales celebraron un ritual para agradecer y honrar las aguas y la madre tierra.
Allí también se discutió sobre los efectos que puede tener el proyecto de Ley impulsado por el gobierno de Javier Milei y la necesidad que el pueblo demuestre su disconformidad frente a unos representantes cipayos. Había que ser muchos en la calle y los diferentes sectores debían estar presentes. Así se invitó a participar y coordinar acciones con gremios, organizaciones sociales y partidos políticos.

La cita fue en la Plaza Primero de Mayo, lugar central de la ciudad frente al municipio y a la catedral a las 15 horas. El día amaneció lluvioso. El cambio climático ha hecho que se agrande el caudal de agua que cae y por un momento pareció que sería imposible congregarse. Sorpresivamente, después del mediodía se empezó a despejar y lentamente la gente, las banderas y la batucada fueron llegando a la plaza. Un fuerte viento acompañó toda la jornada que duró hasta las 18.
El músico Alejandro Cian advirtió que el ojo antropológico debería registrar que es la primera vez que una marcha política está encabezada por el ambientalismo. Ese gesto fue un reconocimiento a los y las compañeras que desde diferentes espacios se organizan alrededor de la lucha por la defensa del río, los humedales, las islas, las áreas naturales protegidas, la flora y fauna nativa. La bandera que iba al frente decía «El río y la tierra no se vende, no se quema, no se desaloja». Después, seguían diferentes banderas alusivas a la defensa del ambiente que estaban sostenidas por personas que pertenecen a la Multisectorial por los Humedales, EcoUrbano, UVE, Comité Popular de Cuenca del Río Paraná, Red del Comité de Cuenca del Arroyo Las Conchas, La Porota, Asociación Civil del Islote Curupí Ñangarecó Nderejhé, el Pueblo Charrúa, Campaña Remar ContraCorriente, el Movimiento Socialista de los Trabajadores y Patria Grande. Las personas que fueron sin agrupación eran invitadas a marchar en este bloque. De manera fluida y sin demasiada parafernalia, las muchas organizaciones se fueron acomodando en una fila que llegó a tener más de tres cuadras.

La marcha comenzó cerca de las 16.30 con un recorrido pautado de seis cuadras para culminar frente a la Casa de Gobierno. Marcharon ATE y otros gremios como Agmer y el Sindicato de Docentes Universitarios (Sitradu); organizaciones sociales como el MTE, la Corriente Clasista y Combativa, el movimiento Evita; organizaciones partidarias como La Cámpora, el Partido Comunista, el Partido Comunista Revolucionario; y organizaciones estudiantiles como el Frente Universitario Popular. Al llegar a la plaza donde terminaba la movilización, el sindicato de Camioneros había ya instalado el sonido que luego serviría para que diferentes representantes dijeran unas palabras, entre cánticos y aplausos. La policía estuvo casi invisible, vigilando de lejos. Personal del Municipio ordenó el tránsito y acompañó la marcha desde el inicio.
Dos hechos resultaron conmovedores. Observar miles de banderas argentinas flameando como señal qde defensa de la patria con todos sus defectos; sentimiento también trasmitido a través del «Patria si, Colonia no». Relevante para un pueblo que muchas veces se cree blanco y aún hoy mira al norte global con admiración. Como la movilización se desenvolvió sin ningún acto de violencia, estremecía ver la masa de personas saltando desopilantemente al ritmo de «el que no salta es un ingles». La derecha consiguió los votos en el congreso porque es la democracia la que no funciona en este país ya que sus representantes no cumplen con lo que dijeron en campaña, mienten y/o se venden al mejor postor traicionando al pueblo para el cual gobiernan.

Al terminar la marcha, como parte de la cultura argentina que se moviliza, un grupo de amigos se quedó conversando en una plaza de la ciudad hasta entrada la noche. Además de contagiarse la alegría que genera saber que éramos muchos en la plaza pero que deberíamos ser muchos más, también se compartieron otras luchas y acciones de resistencia que cada uno está haciendo cotidianamente. La Carpincha -que es el sobrenombre de Cynthia Arellano quien participa hace años en la Tribu del Salto y la Multisectorial- escribió en piedras sobre un banco de la plaza «Cuidá el agua». En individual, como le gusta a la cultura que nos imponen, aclaró la artista. Una intervención efímera como muchas otras que son señales que estamos en movimiento, aunque parezca imperceptible.

