Agua que sangra

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

 

 

Luciano Orellano es un navegante del río e integrante de la travesía Salvemos al Paraná y sus humedales, que pasó en marzo de este año por la orilla de la capital provincial. Además, es investigador, autor de los libros Argentina Sangra por las barrancas del río Paraná, Crónicas soberanas de la Patria herida, Atlas visual por la soberanía y Nacionalizar el comercio exterior: propuestas necesarias para una Argentina soberanaComo miembro del Foro por la recuperación del Paraná y del Encuentro Federal por la Soberanía, formaba parte del recorrido de ochocientos kilómetros, que partió el 7 de marzo desde el río Paraguay, muy cerca de la confluencia con el Paraná, y que llegó el 21 de ese mes a la costa rosarina.

La mañana del encuentro con 170 Escalones, Orellano despertaba del descanso en el camping de Villa Urquiza, al norte de Paraná, donde compartió los primeros mates y la charla, a la sombra de los árboles, poniendo en palabras el sentido profundo de las originales acciones fluviales.

 

 

¿Qué es lo que están haciendo con las travesías en el río?

Las travesías son parte de un profundo sentimiento de amor hacia el río, hacia nuestra patria, al Paraná, a sus humedales. Esta cruzada que tenemos los argentinos de alguna vez tener el control, la administración y la gestión del río, que está en manos privadas y extranjeras, de la Cámara de Puertos Privados y Extranjeros o de la Jan De Nul (la empresa que realiza actualmente los trabajos de mantenimientos de la Vía Navegable Troncal), que tiene que ver con el dragado y el balizamiento para la circulación de barcazas y mercancías sobre esta vía fluvial. 

Se elude el tema, pero hay una interpelación primera que no es nueva: ¿Quién gobierna la cuenca? Cuando nos preguntamos eso, encontramos una acefalía. Hoy se reduce a una agencia. En el país tenés ciento veinte puertos, nueve mil kilómetros de litoral marítimo y fluvial, y no hay una subsecretaría de vías navegables o una administración general de puertos o un consejo consultivo que pueda ser vinculante de los que conforman el litoral, de las provincias y estados ribereños -que además son provincias preexistentes a la nación argentina- y que tienen derecho a opinión y decisión sobre su soberanía.

Hay un primer eslabón: quién planifica, quién gobierna la cuenca. Hay una acefalía institucional desde el punto de vista del Estado, que en definitiva la corta en mil fetas, en mil pedazos. Si vos no tenés proyecto, no tenés planificación, lo hacen fundamentalmente empresas que están concentradas, centralizadas y extranjerizadas, que son las que manejan y dominan el río.

 

¿Desde cuándo no hay control?

La declinación de la soberanía en la Argentina empieza con la dictadura militar en la que la Argentina pierde la soberanía de moneda y de comercio. Fue todo un proceso que dio un salto cualitativo en los noventa, y después nunca más pudimos recuperarnos de ese declive. Es una historia de cuarenta, cincuenta años. Es una deuda no solo de la dictadura, sino también de la democracia, que no supo resolver. Desde los vikingos hasta acá siempre te controlan por los puertos, las aguas y los ríos. Ahora estamos viendo una guerra donde el centro neurálgico del mundo, en materia energética, es el paso de Ormuz. Agua, siempre agua. Ningún buen argentino que tenga conciencia que su patria es 63% agua, que su guerra fue Malvinas, puede no tener en claro que el agua y el puerto son control del territorio. En eso hay una deuda de muchísimos años que comenzó con la dictadura, pero a la hora de la industria naval, a la hora de la flota mercante, a la hora de la defensa, del trazo del río, de la planificación de la cuenca, genera una cadena de complejidades. 

 

¿Cuando hablamos de cuenca también incluye a Bolivia, Brasil y Paraguay?

En realidad hablamos de la cuenca del Orinoco, de la cuenca del Amazonas y de la cuenca del Plata, de la que somos parte. Están comunicadas. De Caracas llegás a Buenos Aires, eso es agua que está conectada y eso da al pulmón del mundo. Es el pulmón y el 31% del agua dulce del mundo, dentro de eso nosotros estamos en la cuenca del Plata, que es una unidad de tres mil millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente. Es una unidad demográfica, productiva y representa el 40% de la flora y de la fauna. Sin agua no hay industria, sin agua no hay mate. Si no hay río no podemos cocinar, ni higienizar, ni producir. La industria es agua, la agricultura es agua, la ganadería es agua. No hay nada más preciado que este recurso que no es un recurso. Ese privilegio tenemos los pueblos, por eso aquí se concentra el 40% de la seguridad alimentaria del planeta.

 

¿Cuál es la discusión por los 44 pies del dragado?

El tema de los 44 pies es a la altura de Timbúes, cerca del kilómetro 450. La unidad del río Paraguay con el río Paraná es un sistema de navegación. El proceso licitatorio nuestro es de 1238 kilómetros desde el estuario del Río de la Plata, desde el kilómetro cero, hasta Confluencia. Desde arriba, los barcos para los ríos funcionan mediante el sistema de empuje, el sistema de barcaza que ya se inventó en el Misisipi, en los Estados Unidos: con dos o tres metros de agua, de acuerdo al ancho del río vos vas completando, armando los convoy, per la altura es siempre la misma. Entonces, con tres metros de agua vos podés llegar a Buenos Aires, multiplicando a lo ancho sin producir un gran daño, que siempre lo hay, pero no tiene absolutamente nada que ver con meter un barco de ultramar de 80 mil toneladas en la mitad de un continente, como quieren hacer hacia el norte de Rosario.

Quieren dragar tres metros más de profundidad -hoy está en once metros, 34 pies más dos de quilla 36- llevarlo a 44 pies, que son 46 con los dos de quilla. Entonces, hay que bajar tres metros, multiplicado por ciento veinte metros de ancho, por 600 kilómetros de largo. Esto porque también se tiene que dragar el Bravo: cuando el río Paraná entra al estuario del Río de la Plata hay una bifurcación y se convierte en tres ríos: el Guazú, el Bravo y el estuario del Río de la Plata.

Todos los años bajan 160 millones de toneladas de sedimentos por el río, esto rompe el curso natural, que en su bajante tiene puntos críticos donde se va defendiendo, no es que hay que dragar todo el río. Por ejemplo, desde Timbúes hay seis o siete puntos críticos que hay que ir tocando, sacar los sedimentos de esos escalones en la correntada. Pero cuando vos rompés el curso natural, tenés que dragar todo el río todo el tiempo, eso lo encajona y acelera el curso del agua. Y eso entra en contradicción para todos los humedales, para la flora y la fauna, porque eso se suma a la retención de Brasil, que tiene una reproducción de energía a partir de las represas. Más el cambio climático, más el corrimiento de las fronteras agrícolas porque la región reemplazó a los Estados Unidos en seguridad alimentaria, estimulado por China, que tiene una hipótesis de conflicto fundamentalmente con los Estados Unidos, enemigo estratégico natural. 

La principal debilidad de China es el petróleo y la soja, que es la proteína del siglo XXI. De Brasil salen 100 millones de toneladas, de acá 80, 90, depende el año, directamente a China. Con eso se produce carne, cerdo. Estas son las causas materiales. Los intereses. Medio Oriente depende de los 4 o 5 millones de barriles que todos los días le van a China, y acá depende de la soja que le garantiza la producción de carne blanca y roja, de cerdo, avícola. Y una tonelada de soja equivale a 15 toneladas de agua. Un kilo de carne roja equivale a 8 mil litros de agua, y así sucesivamente. ¿Qué vienen a buscar acá? Agua.

 

Es difícil pensar en salir de esa matriz extractivista.

En la medida que los pueblos no tengamos un proyecto. Pero mil veces más difícil fue para Belgrano cuando tuvimos que nacer como nación. La patria siempre fue difícil, siempre fue un desafío. Eso de las relaciones de fuerzas, que no se puede, que hago la mía… con ese cuento que no vengan. A llorar a los rincones. Tenemos que construir un proyecto, y eso se hace de a uno, de a cinco, de a diez, como con esta travesía. Siempre te quieren saquear, siempre quieren que no tengas proyecto. No hay que esconderse detrás de las condiciones, como pasa con una gran parte de la política. Si te olvidaste del río Paraná, te olvidaste de la Argentina.

Hay otra gente de la política que sí acompaña, pero es la minoría. Después están los que directamente actúan como un gobierno de ocupación, que gobiernan para los de afuera, y te lo dicen en la jeta. En este momento en que tenemos viento huracanado de frente, la patria está en peligro. Hay un nuevo reparto del mundo bajo la forma de la guerra, la soberanía está en juego en todo el mundo y esta es una lucha no solo del Paraná, sino que hay una reconfiguración mundial de territorio, estados, naciones. Está en juego la Patagonia, el agua de Mendoza, los glaciares. Y hay gente que pelea, hay una tremenda confusión, hay fragmentación. Por eso es importante la travesía.

 

 

¿Cuál es el impacto?

Dentro de las limitaciones nosotros estamos trabajando para una pelea larga. Nos encontramos con muchos paisanos, que llevan el país adentro, y diamantes que están abandonados. Gente comprometida de distintos espacios. Gente a la que le duele, que es consciente, que quiere comprometerse. Trabajamos a largo plazo.

 

¿Hay tiempo para ese largo plazo?

Siempre. El tiempo sobra. Si tenemos la inmediatez como argumento estamos perdidos. No nacimos como una nación así. Hay patrones de la historia de cómo son estas peleas. Si vos me decís que con un kayak y una travesía vamos a dar vuelta la historia, es una falacia total; ahora, si vos querés construir una nueva conciencia que no claudique… acá no vienen por los flecos del poncho, acá vienen por el poncho, y es una lucha larga.

 

 



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