TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

Julio Romero es un cacique Mocoví de 32 años de la isla El Letrero, en la costa santafesina frente a la Toma Vieja de Paraná. Además de dedicarse a la hacienda de su familia, tiene un pasatiempos vinculado a los caballos: la jineteada.
Se trata de una actividad ecuestre tradicional de la cultura gaucha de la Argentina, Paraguay, Uruguay, el sur de Brasil y el sur austral de Chile. Fue declarada deporte nacional de Uruguay en 2006 (a pesar de la protesta de proteccionistas de animales) y por esta región cuenta con dos festivales principales que ocurren en el mes de enero: Festival Nacional e Internacional de la Doma y Folklore de Jesús María, en Córdoba, y el Festival Nacional de Jineteada y Folclore de Diamante, Entre Ríos. La actividad, básicamente, consiste en que el jinete se sostenga unos pocos segundos sobre un animal, e incluye varias categorías (a crina limpia, gurupa o cuero, bastos, etc.).
Sobre esta pasión conversó Julio con 170 Escalones, a orillas del río, compartiendo los mates y las tortas fritas, con el paisaje del humedal como fondo.

¿De qué trabajás?
Trabajo acá con la hacienda en la isla con la hacienda, de ganadero sería. También hago de todo un poco.
Y entre esas otras cosas que hacés, sos jinete. ¿Qué diferencia hay con el domador?
Sí, soy jinete. El domador es el que amansa a los caballos y el jinete es el que va a competir, los fines de semana. Son 8 o 12 segundos en la competencia en lo que es la jineteada. El domador es el que amansa a los caballos para poder trabajar y andar.
¿En la jineteada no están domados?
No, no, esos nacen chúcaros. Es como un deporte, digamos, se van puliendo los caballos porque no se pueden amasar. Son tan malos que se reservan para jineteada.
¿No hay amansador que los aguante?
No, porque tienen todas las mañas, corcovean, y es muy difícil.
¿Por qué nacen así?
Por la cruza de la sangre. Por ahí tenés un caballo manso y se cruza con otro que viene con sangre de un cuarto de milla, criollo, entonces por ahí sale un potrillo malo, como le decimos nosotros, que sirve para la jineteada.
¿Dónde aprendiste?
Acá en la isla, de chico, a los 14 años empecé jineteando terneros, vacas. Y me quebré la clavícula a esa edad.
¿Te tiró un caballo?
No, un novillo. Me recuperé y al año empecé a montar con los caballos. A los 15 arranqué con la jineteada.
¿No te dio miedo esa quebrada?
No, no; volví con más bronca porque me había bajado, me había estropeado.

Montar el pingo
En las pruebas, el caballo se ata a un palo o palenque donde es montado por el jinete. Para ser soltado, el caballo debe estar con las cuatro patas apoyadas en el piso, sin amagos de corcovear y con el jinete en posición de listo. En los pocos segundos que dura la montada una vez que suena la campana, el jinete debe evitar que lo tire al suelo, Los jueces suelen calificar cuatro aspectos: el jinete, el potro, las espuelas y la elegancia.
¿Y cuando te subís a un caballo es salvaje o puede ser manso?
Son caballos mansos, porque es como el de carrera, el de polo: ya saben lo que tienen que hacer. Nosotros lo montamos y el caballo, una vez que le sacan la careta, ya sabe lo que tienen que hacer, porque las espuelas no cortan ni pinchan, son para sostenernos nosotros. No le rajan el cuero ni nada. El caballo, donde siente las espuelas, ya sabe. Pero vos te subís en el palo y son mansos.
Te subís en el palo y ahí lo largan…
Lo largan, y es como el caballo de carrera que sale de la gatera y sabe que tiene que correr hasta el final.
Y son 12 segundos y te bajás…
Te bajás o te baja el caballo…
Si te baja el caballo, perdés…
Sí. Vos tenés que cumplir el tiempo. En las Clinas son 8 segundos, en el Basto son 12 y en la Grupa también 12.
¿Qué es eso?
Son categorías. En las Clinas es a pelo con un tientito de cuero por el cuello del caballo. Esa es la más difícil, son 8 segundos pero arriba se te hacen eternos.
¿Y las otras?
Basto con encimera sería como nosotros usamos para andar a caballo, pero un poco más liviano, estribo en el pie y rienda en las manos, tenés más defensa como jinete. Grupa Surera sería riendas, una cincha, y es tipo una almohada entre las piernas que va en el lomo del caballo. El jinete se calza en esa almohadita que es como una T, con las riendas y nada más.

¿A las jineteadas vas por tu cuenta o te contrata alguien?
Vas por tu cuenta. Lo hacés más que nada porque te gusta; si no, no lo hacés. Si llegás a ser un jinete de renombre te pagan las montas, los viáticos.
¿Quién?
Los organizadores de los eventos. Pero cuando recién arrancás te tenés que valer todo por vos, hasta que te forjás o te cagás a golpe y te retirás. Los jinetes que arrancan nuevos, si aguantan tres montas seguro que van a seguir. Hay algunos que van una vez y no van nunca más, porque no es fácil, te pegan un golpe y no querés saber más nada.
¿Qué sentís cuando estás en la jineteada?
El momento arriba del caballo es una explosión de adrenalina. Todos los fines de semana como que lo necesitás. En esos 8 segundos es todo. Pero voy sin miedo, es como jugar al fútbol, la misma pasión. Siento tranquilidad, porque ya estoy acostumbrado, hace muchos años que lo hago.
¿El público te reconoce?
Sí, sí.
¿Hay hinchadas?
Sí, por supuesto, hay mucho jinete de renombre y a medida que vas ganando premios y te vas haciendo conocido la gente te va reconociendo. Eso está muy bueno. El ámbito es muy familiero, de mucha amistad.
¿Dónde se hacen?
En todo el país, cada provincia tiene distintos festivales, grandes y chicos, pero en casi todos los fines de semana tenés jineteada en la Argentina.
¿Y vos viajás con tu caballo?
No, eso lo pone la organización o el tropillero que me invita. Por ahí te habla la organización: “Che, julio, estoy organizando una jineteada, tengo tal caballo para vos”.
El tropillero es el que provee…
Es el dueño de los caballos, le pagan por llevarlos para todos lados.
Y esos caballos solo sirven para eso…
Sí, solo para eso.
¿Y los premios qué son?
La mayoría de las veces es efectivo, y el trofeo. En los festivales grandes como Diamante o Jesús María tenés rastra de oro, estatuilla. Serían como los mundiales.
¿Estuviste en alguno de esos?
Sí, en Diamante. Me fue bien, aunque caí. Es a sorteo los caballos y no sabés que te va a tocar, el mejor o el peor de los caballos. Va en suerte también.
¿Hay una vestimenta especial para jinetear?
Vestido de gaucho, sería. Por ahí las botas. en las Clinas es bota de media caña, doblada, bombacha corderoy que la mayoría de los jinetes usa para montar porque se agarra más al pelo del caballo, y camisa. Pero vos montás como querés.
¿Vos vas con sombrero, de gorro?
Yo voy de boina siempre, o sombrero. Por ahí lo perdés entre tantos sacudones.
¿En tu familia hay otros jinetes?
No, yo soy el único.
¿Qué dijeron tus viejos?
Mi viejo enloquecido. Siempre decía: “Ojalá me salga un nieto que sea jinete”, ni esperaba que yo jineteara, porque hasta los 12, 13 no me acercaba a los caballos ni por joda, pero llegó un punto en que me empezó a gustar.
¿Y a tu vieja no le da miedo?
Sí, como a toda madre, tiene recelo, pero lo entiende igual.
¿Y cuando tenés una competencia practicás o vas directamente?
Hago mucho entrenamiento de piernas, ejercicio. Como un gimnasio, porque por ahí montás y hacés una cosa mal y te estropeás. No es lo mismo montar en un corral que en una jineteada. Es mucho ejercicio, hay que cuidarse un poco, estar bien físicamente. Yo lo tomo como un deporte.

¿Hasta qué edad se puede jinetear?
Hay jinetes que conozco que tienen 55 años y siguen montando. Tito Burcard, de Santa Fe, montaba con 84 años el hombre. Terrible jinete. Fue el primer campeón de jeJesús María de Santa Fe. Otro, hasta los 66 años, pero es gente que se cuidaba, hacía ejercicios, comía bien toda la vida.
¿Hasta qué edad pensás que vas a aguantar?
Hasta los 50. Vamos a ver cómo me trata.
¿Tenés algún referente?
Sí, tengo muchos compañeros que me han aconsejado, que son mas grande que yo, que han salido campeones. Los tomo de referencia a todos, por su experiencia. en esto nunca terminás de aprender.
¿Se transmite esa experiencia? ¿Se conversa o se cuidan los secretos?
Hay mucho compañerismo. Es muy raro que uno se prive o que sea mezquino con los compañeros.
¿Se aprende y se practica solo o puede haber un profesor o entrenador?
Y… algún compañero, lo único. No hay una escuela para esto, te sale de adentro, sería. Vas, montás y si te gusta vas a seguir y si no te gusta, abandonás. Si te gusta seguís aunque te pegues diez golpes.
¿Qué pasa después de una jineteada? ¿Dormís bien?
Según el caballo que te toca montar, si es un fortachón que te hace hacer fuerza, al otro día sentís los músculos, te tenés que tomar un actrón. El día anterior tenés que dormir temprano, descansado, cosa de llegar bien. No te ponés nunca a la par del caballo con la fuerza, tenés que usar la habilidad.
¿Qué te gustaría que te pase con la jineteada? ¿Hasta dónde te gustaría llegar o qué reconocimiento quisieras tener?
Ojalá pueda llegar a los festivales grandes, Diamante y Jesús María. Hasta ahora estoy contento como voy, las amistades que he ganado y la gente que me reconoce en Entre Ríos, Buenos Aires y Córdoba. La mitad de la Argentina la conozco gracias a la jineteada, Uruguay también. Todo lo que he recorrido ha sido gracias a la jineteada, estoy súper agradecido.

