Las horas compartidas

TEXTO FRANCO GIORDA

FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO / MARIANA MELHEM

 

 

El tiempo ha sido materia de atención humana desde los orígenes mismos del pensamiento. El afán por medir ese flujo indetenible en el que suceden las cosas y tiene lugar la experiencia es parte de las tareas a las que se ha abocado la humanidad a lo largo de su existencia.

Son muchos los modos que se han buscado para precisar y organizar esa intuición que llamamos tiempo: desde señales de la naturaleza hasta relojes inteligentes. En la actualidad, no deja de ser llamativo la cantidad de relojes que se concentran en torno a cada persona. Es que casi todos los aparatos dan la hora: celulares, computadoras, electrodomésticos, vehículos, pantallas; a su vez, hay infinidad de modelos de relojes digitales, con agujas, a cuerda, a pilas, mecánicos, de cuarzo, despertadores, atómicos, que proliferan acá o allá. Sin embargo, si bien todos cumplen su función, no todos los relojes tienen el mismo sentido o peso simbólico. En la historia, se pueden identificar hitos que testimonian épocas y son parte del patrimonio cultural que han sabido construir los seres humanos.  

 

El espectro es amplísimo, pero si se pone el foco en lo más inmediato y se piensa, por ejemplo, en Paraná, los relojes más trascendentes de la ciudad son los de las sedes de gobierno. Tanto el Palacio Municipal como la Casa Gris cuentan con sendas máquinas que informan la hora a la ciudadanía. En un tiempo en el que más bien se mira hacia abajo en busca de las pantallas de los celulares, los mencionados edificios públicos continúan desde sus torres señalando públicamente el tiempo a través de sus grandes manecillas.

A propósito, no pasa desapercibido que en el marco de los trabajos de restauración que lleva adelante el Municipio en el edificio del gobierno local se incluyan reparaciones particulares al característico reloj que se erige frente a la plaza principal de la capital entrerriana.  

 

 

Este elemento práctico y ornamental fue adquirido por la Municipalidad hacia finales de 1890 a la empresa Antica ditta Fratelli, Solari di Pesaris, oriunda de Udine (Italia), desde donde se trajo la pieza. La compra también incluyó las campanas fabricadas por Francesco Broilli. El reloj es único en su tipo en Sudamérica ya que en ese momento los envíos de otras piezas similares por parte de la mencionada compañía solo se dieron dentro de Europa.

La directora de Patrimonio Urbano Arquitectónico de la Comuna, Mariana Melhem, compartió con 170 Escalones algunos datos técnicos sobre el reloj en cuestión: la maquinaria fue realizada en bronce de tipo a pesa con péndulos a cuerda de 24 horas. Desde la máquina surgen cuatro ejes, uno para cada plano de la torre, las esferas tienen un diámetro de 2.05 metros y cada uno de los números romanos tiene una altura de 0.35 metros.

El pliego para el tratamiento del reloj comprende recambio de las cuatro esferas, limpieza y acondicionamiento de la máquina, reposición del sistema de pesas y campanas, limpieza y pintura del cupulin – campanario. Para esta labor resultó adjudicada la empresa cordobesa Gnomón, especializada en la materia.

 

 

Restauración general

Además del reloj, el actual proyecto de recuperación del palacio municipal incluye una serie de acciones para arreglar las galerías sobre calle Corrientes, los ornamentos de la fachada y los desagües. Esta labor está coordinada por un equipo integrado por agentes de diversas reparticiones de la Municipalidad. Los estudios de evaluación estructural fueron encargados a la Universidad Tecnológica Nacional Regional Santa Fe (UTN RSF). A su vez, se decidió, la capacitación, a cargo del restaurador Stephan Descours (de origen francés afincado en la ciudad hace más de 20 años), para el personal municipal en oficios patrimoniales tradicionales en vistas a la realización de parte de la tarea. Además, se adjudicaron las obras a la empresa constructora Cemyc.

 

 

Provechos

El remozado del reloj de la Municipalidad, como parte del conjunto arquitectónico del palacio municipal, permite además de saber la hora, mantener vivo el patrimonio público, tomar perspectiva histórica de la vida civil y, por qué no, reflexionar filosóficamente sobre el tiempo.

 

 

 

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